Ella, era una pequeña niña que caminaba sola por el hermoso jardín.
Daba pequeños brincos entre la hierba, como si danzara dulcemente. Sus grandes ojos color hazel, se dejaban cautivar por la hermosura de aquel paisaje. La brisa recorría sus mejillas. Sonreía al sentir sobre sus delicados labios rosados, el sabor de las pequeñas gotas de lluvia que empezaban a caer, era interesante como a pesar de estas, los rayos del sol brillaban con gran intensidad, creando en el cielo, un perfecto y nítido arcoíris.
Respiraba el aroma de cada una de las flores que la rodeaban, para después palpar con la yema de sus dedos la suavidad de los coloridos pétalos.
Ella, cantaba graciosamente imitando el sonido de los pájaros, mientras su cabello rizado se elevaba al compas del viento. Llevaba puesto un vestido blanco, que resaltaba la pureza de su tez morena. Observarla, era capaz de crear hasta en un alma impenetrable, un vestigio de ternura...
Después de largas horas en las que recorrió el jardín, encontrándose agotada, recostó su cabeza bajo la sombra de un árbol, y durmió durante algunos minutos…
Fue despertada por una corriente helada y la fuerte lluvia que ahora lo inundaba todo. Se sorprendió al ver que no se encontraba en el jardín donde antes había estado.
Ella, cantaba graciosamente imitando el sonido de los pájaros, mientras su cabello rizado se elevaba al compas del viento. Llevaba puesto un vestido blanco, que resaltaba la pureza de su tez morena. Observarla, era capaz de crear hasta en un alma impenetrable, un vestigio de ternura...
Después de largas horas en las que recorrió el jardín, encontrándose agotada, recostó su cabeza bajo la sombra de un árbol, y durmió durante algunos minutos…
Fue despertada por una corriente helada y la fuerte lluvia que ahora lo inundaba todo. Se sorprendió al ver que no se encontraba en el jardín donde antes había estado.
En el lugar donde se encontraba, no había hierba ni flores, tan solo piedras y lodo. Tampoco existían los animales que con sus cantos transmitían infinita paz. El frio era insoportable, y congelaba cada uno de sus huesos. El sol, ni siquiera se veía, y lo único que iluminaba el cielo gris, eran algunos rayos eléctricos, que siempre eran seguidos por los ensordecedores ruidos de los truenos. Era un lugar tenebroso, que ella era incapaz de reconocer.
Al darse cuenta de lo sola que se encontraba, al ver como su jardín perfecto había desaparecido, la pequeña fue presa de un temor incontrolable.
Al darse cuenta de lo sola que se encontraba, al ver como su jardín perfecto había desaparecido, la pequeña fue presa de un temor incontrolable.
Y entonces, se dio cuenta de que no solo el paisaje era ahora diferente.
Su vestido blanco se encontraba roto y manchado por algo que parecía ser su propia sangre. Ella no terminaba de comprender lo que había ocurrido…
Existían, seres perversos.
Estos, habían esperado pacientemente a que ella durmiera. Y justo cuando soñaba alegremente con aquel jardín que nunca había existido realmente, ellos, con sigilo, habían perpetrado el más infame de los crímenes. Habían tomado el cuerpo de la pequeña, como si aquello les perteneciera. Habían pisoteado su inocencia, habían robado para siempre su tranquilidad…
Ella, lanzo un desesperado grito de dolor y rabia. Ahora existían en su piel, marcas que jamás desaparecerían. Se levanto rápidamente dejando que la lluvia se mezclara con sus lágrimas, haciendo que estas fueran invisibles. Empezó a caminar apurada buscando el camino hacia aquel jardín hermoso en el que creía haber estado.
Encontró mientras andaba, unas rosas rojas, que decidió tomar, para evocar las sensaciones de su sueño. Para olerlas y sentir entre sus manos, la textura de los preciosos pétalos. Pero al acercarse, se clavaron en sus dedos algunas certeras espinas, que haciendo que la sangre comenzara a brotar, quedaron enterradas en el lugar que habían herido...
Y ahora, aquella pequeña, que alguna vez había sido tan dulce, caminaría eternamente buscando un jardín que jamás encontraría. Se convertiría en una mujer. Sucia, lastimada, sola, rota, y con espinas entre su carne. Ahora, era alguien que jamás hallaría la felicidad...
Porque ellos, cruelmente, se habían dado el derecho de transformarla, en la más infeliz princesa de este reino…
Su vestido blanco se encontraba roto y manchado por algo que parecía ser su propia sangre. Ella no terminaba de comprender lo que había ocurrido…
Existían, seres perversos.
Estos, habían esperado pacientemente a que ella durmiera. Y justo cuando soñaba alegremente con aquel jardín que nunca había existido realmente, ellos, con sigilo, habían perpetrado el más infame de los crímenes. Habían tomado el cuerpo de la pequeña, como si aquello les perteneciera. Habían pisoteado su inocencia, habían robado para siempre su tranquilidad…
Ella, lanzo un desesperado grito de dolor y rabia. Ahora existían en su piel, marcas que jamás desaparecerían. Se levanto rápidamente dejando que la lluvia se mezclara con sus lágrimas, haciendo que estas fueran invisibles. Empezó a caminar apurada buscando el camino hacia aquel jardín hermoso en el que creía haber estado.
Encontró mientras andaba, unas rosas rojas, que decidió tomar, para evocar las sensaciones de su sueño. Para olerlas y sentir entre sus manos, la textura de los preciosos pétalos. Pero al acercarse, se clavaron en sus dedos algunas certeras espinas, que haciendo que la sangre comenzara a brotar, quedaron enterradas en el lugar que habían herido...
Y ahora, aquella pequeña, que alguna vez había sido tan dulce, caminaría eternamente buscando un jardín que jamás encontraría. Se convertiría en una mujer. Sucia, lastimada, sola, rota, y con espinas entre su carne. Ahora, era alguien que jamás hallaría la felicidad...
Porque ellos, cruelmente, se habían dado el derecho de transformarla, en la más infeliz princesa de este reino…




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