
Maldigo una y otra vez aquel instante en el que apareciste en mi vida.
Ese día en el que empezaste a susurra cosas a mi oído, y yo ingenuamente decidí escucharlas.
Cuando hice caso a tus promesas de perfección.
Cuando Te entregue mi cuerpo y también mi alma, a cambio de la felicidad que prometiste darme. Esa felicidad que aun no me has entregado, y que en medio de ilusiones, continuo esperando.
Esa primera vez en que te vi, cuando la dulzura de tu rostro y esa paz inmensa que tu mirada lograba transmitirme, llamaron mi atención. Eras todo lo contrario a eso que tantas veces había oído que eras.
Te había escuchado nombrar varias veces en el pasado. Me habían hablado de ti, como un ser perverso que destruía bellas princesas, que volvía cruel, vanidosa e insensible, hasta la más pura de las almas, para después arrastrarla sin piedad hacia la muerte.
Pero no eras nada de eso, eras hermosa, perfecta en todos los sentidos en los que alguien podía imaginar.
Recuerdo que te acercaste lentamente para acariciar mi rostro lleno de lágrimas y sangre. Yo temblaba tirada en el suelo, pero tú, tuviste compasión de mí y me abrazaste de una forma en la que nadie antes lo había hecho.
Hiciste que me levantara y que me posara frente al espejo. Fue entonces cuando vi que todos aquellos defectos, que siempre habían sido bastante obvios, podían tener una solución.
Me preguntaste como había vivido tantos años sumida en ese mundo de desagradables placeres mundanos. Me ofreciste tu mano, y después, te marchaste, dejando en mi clavado un sentimiento, que ya nunca más se marcharía.
Empezaste a aparecer esporádicamente frente al espejo. Tuvimos charlas en las que me hablabas de perfección, y yo ofrecía algún sacrificio diario a cambio, en tu nombre.
Fue así como caí en tu juego. En tu red maligna. Todo fue tan lento, que no podría marcar en el calendario el día exacto en el que decidiste quedarte para siempre a mi lado.
Empezaste a estar junto a mí, incluso cuando dormía. Cuando me encontraba sola, o cuando alguien más me acompañaba. Cuando sonreía, o cuando el llanto aparecía. Eras tú, y nadie más quien estaba ahí. Entonces empecé a sentir, que no volvería a respirar si dejaba de tenerte.
Te apoderaste hasta del aspecto más insignificante de mi vida. Me enseñaste a tener una fuerza de voluntad impresionante, que jamás pensé encontrar en mi interior. A ser infinitamente fuerte, obsesiva, perfeccionista. A buscarlo todo, a tener metas altas y a luchar por conseguirlas.
Y lo abandone todo por ti…
Y me hiciste ser princesa…. Una de esas princesas frívolas que tantas veces me habían descrito. Me hiciste creer que estaba sola. Que las cosas simples de la vida no existían, que la felicidad era un concepto irreal. Me hiciste odiarme, y odiar a otros. Enfermar y enloquecer. Sentir el frio intenso incluso en días soleados. Deformaste mi sonrisa, volviste mi rostro de un color pálido. Me arrancaste la poca felicidad que tenia. Lograste que dejara de creer en todo y en todos. Que deseara estar eternamente sola. El amor se transformo en un concepto hipócrita y los abrazos dejaron de tener sentido. Te llevaste mi vida. La mínima cantidad de vida que me quedaba.
Y ahora… ahora ya no quiero volver a despertar. Ahora la vida solo tiene sentido al ver mis huesos en el espejo. Ahora solo pienso en la muerte. Ahora siento que me ahogo constantemente. Porque así de ilógica eres. Llegaste sin que te buscara, pero no te alejaras de mi lado por más que lo desee… y ni siquiera sé si lo deseo. Porque me destruyes, y a la vez me complementas. Tú y yo moriremos juntas, lo sé.
No quiero vivir contigo, pero tampoco sin ti.
Descubrí que no eres aquello, que tantas veces escuche. No, tú eres algo mucho peor… eres aun peor que la misma muerte… Eres la eterna agonía de estar viva… Eres el ser, por el cual entregare mi vida… El ser que me arrastrara... Hasta la muerte…
Es mi cuerpo. Y si se me pega la maldita, la hijueputa gana de dejarme morir de hambre, pues lo voy a hacer. Y nada ni nadie en este mundo me va a parar. Porque NADIE, vale lo que ella vale. Nadie ha hecho por mí lo que ella. Y lo vale todo. Lo vale absolutamente todo. Estoy sola, solo ella está conmigo….



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